miércoles, 15 de marzo de 2017

Mi niña herida




En la anterior clase, lunes 13 de marzo, vimos que cada uno tiene su niño/niña heridos internos, cada persona lleva el suyo propio a cuestas y esto hace que reprimamos lo que nos pasa.
Con relación a esto, Pilar no mostró que cada uno tiene una especie de mandala interior, en el centro está la vulnerabilidad de cada uno mientras que en el exterior se encuentra la barrera/corteza de protección. En ocasiones tenemos situaciones de intimidad como es el caso de enamorarse de otra persona, esto hace que quitemos esa barrera de protección y estemos más expuestos a que nos hagan daño, al estar las capas de vulnerabilidad en contacto con tu pareja. O puede que no te quites esa barrera a modo de prevención, porque claro, vaya ser que ataquen tu vulnerabilidad y se aprovechen de eso.
Hablo de esto, ya que a raíz de la primera relación seria que tuve, al hacerme tanto daño mi exnovio, decidí no volver a quitar esa barrera, mantenerme dentro de ella, y ver como las cosas iban pasando, pero desde una perspectiva más alejada, más fría.
Esto hizo, como bien comentamos en clase, que siempre mantuviera como una distancia de seguridad con cualquier chico que se me acercara, mostrándome desconfiada y en ocasiones fría y cortante. A su vez, hizo que no pudiera ser yo misma, me cohibía y a la mínima que veía algo especial en algún chico me alejaba, o en ocasiones les buscaba cualquier excusa tonta solo por el motivo de evitar sentir algo por otra persona.
Estuve así una cosa de dos años, teniendo a mi niña herida hambrienta de amar, pero con más miedo que otra cosa, por lo que me mantenía en mis quinces de no querer nada con ningún chico.
Hasta que de pronto, apareció alguien, que te descoloca un poco tus esquemas de persona fría y distante, que te da una confianza aplastante, que poco a poco va apartando esos pinchitos de tu barrera de protección y que te hace ver que no todas las relaciones van a ser iguales, y que ni mucho menos todos los chicos iban a ser igual que mi exnovio… ¡Y menos mal!
Como conclusión, hay veces que aparecen personas capaces de hacer que quitemos esas barreras, que seamos nosotros mismos en todo momento, que hagan que viejas heridas se curen y que por supuesto, alimenten con mucho amor a esos niños heridos. Y esas personas, ya sean familiares, amigos o parejas, valen millones y hay que conservarlas.

Alicia Reyes Mora

Mandalas de chocolate


El pasado lunes 13 de marzo, tuvimos una clase más dulce de lo normal. No tocó hacer mandalas con chocolate, todo un placer para una viciada del chocolate como yo.

Cuando era pequeña era un poco “culo inquieto”, como decía y me sigue diciendo mi abuela, al no parar de ir de un lado a otro. Al entrar en primaria, conocí a María, mi profesora de primero y segundo, la cual tengo un cariño y una admiración que me sigue perdurando a día de hoy. Ella fue la que aconsejó a mis padres que hiciera mandalas para intentar que de esa forma consiguiera relajarme a la vez que fomentara mi creatividad. La idea fue todo un éxito, conseguí canalizar ese nerviosismo a la par que me divertía.

El hecho de hacer esta actividad en clase y de juntar dos elementos que me gustan mucho, me han hecho transportarme a mi infancia, recordar los momentos vividos con esa profesora, las tardes enteras pintando mandalas de todos los tipos posibles, animales, figuras geométricas, flores, entre otros.  Y de qué mejor manera que con un sabor de boca muy muy dulce.

En esta ocasión, me he guiado con el patrón de la oblea, y he rellenado las letras que tenían que ver con iniciales de mis familiares. Y sin darme cuenta me ha salido las palabras AMA y MAR, gran casualidad, ya que soy una fan incondicional de ir a la playa siempre que puedo y estar horas tumbada en la arena oyendo las olas del mar.

Gracias Pilar por esta maravillosa actividad, que sin lugar a duda el día de mañana, cuando sea profesora, la utilizaré.

Alicia Reyes Mora

La importancia de las emociones

El lunes pasado, la profesora Pilar llegó a clase contándonos que no se encontraba muy bien. Que el domingo se había obligado a sí misma a dejar de llorar y que eso se le había transformado en un constipado.
Yo me sentí muy identificada con eso, y me he visto en la necesidad de escribir sobre ello al recordarlo, porque nunca lo hice y creo que lo necesito.
El año pasado empecé la carrera de Psicología en una universidad adscrita a la Complutense porque la nota de selectividad no me daba para entrar en una universidad pública. Yo fui con la idea de aprobar todo con buenas notas y, así, pedir el cambio a la pública al año siguiente. Pero al empezar la carrera, no estaba nada motivada, las clases eran muy aburridas, solo hablaban los profesores, nos soltaban sus sermones y no hacíamos prácticas de ningún tipo. Luego los exámenes consistían en plasmar los apuntes tal cual los habían dado los profesores, y si no, o suspendías o sacabas una nota baja.
Además de esto, en octubre empecé una relación con un chico más mayor que yo, que vivía en otra ciudad, a las dos semanas de estar juntos, me empecé a agobiar con la relación porque él llevaba un ritmo diferente al mío y ya me estaba empezando a agobiar también la universidad.
Tras mes y medio corté esa relación porque me pasaba los días llorando y sintiendo una angustia en el pecho que no podía soportar. Suspendí los dos primeros parciales que tuve, me vine más abajo todavía.
Entonces empezaron las enfermedades, me resfriaba todas las semanas y una semana sí y otra no, se me inflamaban las anginas, hasta tal punto de no poder tragar, ni casi comer.
Por lo tanto, tampoco salía mucho con mis amigos, porque no me encontraba bien de salud.
Entré en un bucle, las asignaturas me agobiaban, haber hecho daño a una persona importante para mí me angustiaba, y necesitaba salir, pero no podía porque me sentía mal por no estar estudiando.
Llegó enero y los exámenes del primer cuatrimestre, aprobé 2 asignaturas de 5. Me vine más abajo todavía. No quería salir, no quería ver a nadie.
Las anginas empezaron a ser más fuertes y más frecuentes, con fiebre muy alta constantemente.
Me puse a estudiar muchísimo más, a intentar llevar las cosas al día y que me fuese mejor. No quería admitir que la carrera no me estaba gustando, que me sentía agobiada y angustiada. Y ya no era que no me atreviese a decírselo a mis padres o amigos, sino que no era capaz de admitírmelo para mí misma.
Entonces llegaron los exámenes del segundo cuatrimestre y saqué un 0 en un examen tipo test que había estudiado muchísimo. Me rompí, no podía hablar, estaba destrozada. Me sentía una inútil, sentía que no servía para nada, que era un fracaso como persona y que estaba defraudando a mis padres. Mi madre se rompió también, me hizo sentir peor con sus comentarios.
Y fue ahí, con sus comentarios ofensivos hacia mí, cuando dije hasta aquí he llegado. Y me lo dije a mí misma: “Paula no quieres seguir estudiando Psicología”. Y se lo dije a mis padres, mi madre se puso aun peor, sentía que estaba fracasando, que no iba a hacer nada, que era una vaga y que lo hacía por capricho.
Hablé seriamente con mi padre y le pedí ir al psicólogo, porque no me veía capaz de afrontar nada, ni mi futuro académico ni el personal. Estaba completamente perdida y agotada de la situación.
Comencé a ir al psicólogo y me desahogué, solté todo lo que llevaba dentro. Todo lo que durante ese año no había querido decir con palabras, pero que mi interior no paraba de chillar. Y fue entonces cuando lo vi claro, necesitaba un cambio de rumbo. Me inscribí en Magisterio, estuve un mes desconectando de todo, llorando y expresando mis sentimientos sin parar. Me corté el pelo, cambié mi habitación de estructura.
Por fin, al final del verano, era capaz de hablar de esto con naturalidad, sin ponerme a llorar y sin tener el sentimiento de inutilidad.

Desde entonces, procuro expresar lo que siento siempre, escucharme y atenderme. Dedicarme mi tiempo y actuar en sincronía con lo que voy sintiendo. Ser fiel a mis emociones.

Paula García Fernández

martes, 14 de marzo de 2017

Trabajando la arcilla


Estas imágenes son del trabajo realizado por niños y niñas de edades entre dos años y medio y tres.








Adrián Erriquez Gistau

miércoles, 8 de marzo de 2017

Todos los días son 8 de marzo.

Ayer volví a recuperar la confianza en las nuevas generaciones.

Mientras volvía del cole con mis niños, sin venir a cuento, Gabriel (8 años)  me dijo;
- Elena, ¿a tí no te parece mal que piensen que las chicas sois peores? Me parece fatal que haya gente que diga esas coas. Ya ves tú, vaya tontería, todos hacen cosas mejor y peor sean chicos o chicas. Por ejemplo, a mi madre se le dan fatal las matemáticas y a mi muy bien, pero ella habla inglés mucho mejor que yo. Vaya idiotas los que piensan que las chicas sois peores en todo lo que hacemos.

A lo que Joaquín (5años) añadió;
- Pues sí, porque mami es la mejor jefa de su trabajo y todos la quieren un montón.

Lo que más me sorprendió fue la forma en que lo decían, la indignación que sentían y el desprecio a las personas que siguen teniendo un pensamiento que la mujer es un ser inferior.

Gracias mis niños por demostrarme un día mas lo grandes que podéis llegar a ser.

Feliz día de la mujer, ayer, hoy, mañana y siempre.

Elena Alonso Pino

Día de la mujer

El día que no nos asesinen por ser mujeres. 
El día que no nos violen por ser mujeres. 
El día que no tengamos diferencias salariales. 
El día que no nos digan cómo nos tenemos que vestir, juzgándonos por ello. 
El día que no tengamos que pasar miedo volviendo a casa por si alguien nos hace algo. 
El día que nos cojan en un puesto de trabajo independientemente de si estamos en edad fértil o no. 
El día que se deje de pensar, de decir y de dar por supuesto (de manera consciente o inconsciente) que las tareas domésticas las tienen que hacer las mujeres. 
El día que no nos silben por la calle. 
El día que no nos chillen sus opiniones de nuestro cuerpo por la calle: porque no nos importa. 
Ese día, habrá que celebrar el día de la mujer. 
Hasta entonces, tendremos que seguir luchando por nuestros derechos y por una sociedad igualitaria, donde hombres y mujeres somos exactamente iguales.


Paula García Fernández


martes, 7 de marzo de 2017

Dibujos infantiles

Estos son algunos de los dibujos que hacían niños y niñas con edades entre los dos y medio y los tres años. Las imágenes está sacadas por mí personalmente en mis prácticas del Grado superior.


Giulio (dos años y medio casi tres)

Duccio (dos años y medio casi tres)

Miriam (entre dos años y dos y medio)

Diletta (dos años y medio casi tres)
Adrián Erriquez Gistau 

Niños contra la moda




Niños contra la moda, así es como se llama el video que ganó el premio Beazley que concede el Desing Museum de Londres al mejor diseño de moda del año, hecho por la artista Yolanda Domínguez. Este artículo está sacado de EL PAÍS SEMANAL 26.2.2017, y está escrito por Anatxu Zabalbeascoa.



En este video, alumnos de ocho años describen las imágenes publicitarias de marcas como Dior, Loewe o Giorgio Armani. La artista hizo parejas de niños/as no mayores de ocho años, puesto que a esta edad todavía no les importa lo que se ponen. Al ponerles las imágenes, les preguntaba qué veían. El resultado fue que los niños y niñas describían a las mujeres como enfermas, hambrientas, borrachas o abandonadas. Los hombres les parecían superhéroes, universitarios o con éxito en los negocios. A raíz de esto, surgen dos preguntas ¿por qué el lujo da una imagen que debilita a las mujeres y fortalece a los hombres? ¿Cómo influyen estas imágenes en nuestra educación visual?

La artista está convencida de que exponer la crítica en un museo la refuerza y de que es un síntoma de salud que el sistema reconozca el fallo, pero matiza que el lugar donde debe estar el video es internet y las redes sociales, ya que un museo tiene muy poco impacto en la sociedad.

Con el video también se hace una crítica al hecho de que a través de lo que llevamos, indicamos a los demás que lugar ocupamos en el mundo y a que colectivo pertenecemos, pero ningún niño/a de ocho años dijo que quería ser o tener nada de lo que en las imágenes aparecía. En cambio, si dijeron que querían ir a la universidad de mayores o que no les gustaría ser “esa” chica.

Este tipo de publicidad, está tan metido en nuestras mentes y lo tenemos tan asumido que lo vemos como algo normal. Es increíble que sigamos permitiendo cosas como estas, se lucha y se protesta contra el maltrato, las diferencias de género como que las mujeres cobren menos que los hombres por hacer el mismo trabajo… Pero seguro que muchas de esas mujeres y hombres que tanto protestan, luego compran ropa, perfumes o cualquier otro artículo de marcas que denigran la imagen de la mujer. Si no cambiamos nosotros mismos primero y no dejamos de consumir esos productos que fomentas las desigualdades de género ¿Cómo van a cambiar las marcas si le siguen dando beneficios este tipo de publicidad?

Respecto al tema del ánimus y ánima tratado en clase, creo que es evidente como no hay nada de femenino en lo masculino, ni de masculino en lo femenino en los anuncios publicitarios. Las sombras de ambos géneros se alejan cada vez más y más hasta ser casi invisibles, como ya he escrito otras veces, hacer visible, aceptar e incorporar la sombra en nuestro día a día, es la única manera para ser felices con nosotros mismos y aceptarnos, algo vital para aceptar a los demás y hacer mejorar la sociedad que tantísima falta le hace.


Adrián Erriquez Gistau 

miércoles, 1 de marzo de 2017

Crear, pensar, decir, sentir

Crear. Pensar. Decir. Sentir.

Son verbos a los que estamos hechos, verbos que están implícitos en las personas. 
¿Cómo sería una persona que no crease? A mi entender, sería imposible ya que con el simple hecho de existir y de vivir, estamos creando momentos, creando ideas, creando pensamientos, creando sensaciones, creando sentimientos...Sin parar y sin cansarnos nunca de ello. Luego, por supuesto, están los que llegan más allá, los que crean contenido artístico, de cualquier tipo, los que, con su cabeza, sus manos, sus pies, su cuerpo, crean. Dando lugar a objetos, a frases, a palabras, a cualquier cosa que antes no existía y que, gracias a ellos, existe, o existirá gracias a los que siguen y seguirán creando.
¿Cómo sería una persona que no pensase? Considero que es imposible también. Porque una persona que no pensase estaría vacía, creo que tanto por dentro como por fuera. Lo que luego cada uno piense o deje de pensar, ya es otra cuestión. Pero todos pensamos, a cada instante, en cada momento, pensamos.
¿Cómo sería una persona que no dijese? Y no me refiero a decir en el sentido de hablar, sino decir en el sentido de expresar. Creo que, como en el anterior, una persona que no dijese nada, estaría también vacía. 
No me puedo imaginar una persona que no diga nada, que no se exprese, con palabras, con gestos, con caras, con creaciones, con la ausencia de palabras, con sus actos. Todos, en todo momento, estamos diciendo algo, más o menos relevante, pero siempre estamos diciendo algo. 
Por último, ¿cómo sería una persona que no sintiese? Aquí, claro que estaría vacía. No me puedo imaginar una vida sin sentir. No puedo, ni quiero. Creo que los sentimientos son una parte única e insustituible en nuestra sociedad. Creo que es algo mágico y único. Creo que las personas actuamos según estos y que, al final, son los que nos van a caracterizar como personas. Son los que nos van a hacer comportarnos de una manera o de otra, los que nos van a hacer sentir fatal o los que nos van a hacer sentir como nunca nos hemos sentido nunca de felicidad.


Paula García